OVNI sobre Logroño
“Serían cerca de las doce de la noche cuando observamos un punto luminoso en la vertical de las torres de La Redonda. Su tamaño era como el de una estrella normal, pero mucho más luminosa. Lo que nos llamó la atención fue los extraños giros que estuvo dando durante cerca de diez minutos, unas veces en horizontal y otras en vertical, pero sin desplazarse prácticamente de la misma área del firmamento. Al cabo de ese tiempo se esfumó extrañamente, como perdiéndose en la oscuridad...” (El resaltado en negrita es mío)
Si miramos en el plano de la ciudad de Logroño veremos que las citadas torres de La Redonda (catedral), mirando desde la Avenida de Navarra, están situadas hacia el Oeste. Si, a continuación, contemplamos un mapa celeste, obtenido para el día y hora mencionados anteriormente y en la dirección indicada (Oeste), comprobaremos que, en esa zona del cielo, había una estrella mucho más brillante que las demás: ¡Arcturus!
A las 23:57 horas locales (GMT+2) del citado día, Arcturus tenía un azimut de 89º 43’ (visible hacia el Oeste) y 29º 37’ de elevación sobre el horizonte. Si trazamos el azimut de la citada estrella desde el punto de observación (Avenida de Navarra) veremos que pasa por encima de la catedral. Es decir, ¡Arcturus era visible, desde el punto de vista de los testigos, sobre las torres de La Redonda!
Los movimientos de la luz, efectuados en la misma área del firmamento, se explican desde las ilusiones ópticas (movimiento autocinético). La desaparición de la “misteriosa” luminaria pudo ser provocada por alguna nube ubicada entre el astro y los observadores.
Para finalizar esta entrada y ante la sorpresa que causa, en algunos entusiastas de los ovnis, las explicaciones astronómicas me parece oportuno recordar unas palabras de Jacques Vallée y Janine Vallée que, en los años sesenta, ya reconocían este tipo de confusiones. En Fenómenos insólitos del espacio (Editorial Pomaire. Barcelona, 1966) y en la página 209 dicen:
"Sólo la mala fe puede objetar la identificación de un informe detallado con referencia al planeta Venus o a un astro brillante, cuando el analista ha tenido en sus manos una descripción suficiente y posiciones precisas. La apariencia del astro, su diámetro aparente, su color, su enrojecimiento progresivo cuando alcanza el horizonte, sus cambios de forma y de color aparentes cuando se le ve mediante un instrumento óptico, la hora de la aparición, la duración de la exposición y el lento descenso del “objeto” hacia el oeste suministran criterios seguros. En numerosos casos los testigos dieron las medidas de posición en coordenadas locales, con fotografías que pueden ser controladas con exactitud con referencia a una efeméride. Todos estos elementos hacen que la interpretación final sea indiscutible.”
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