miércoles, 4 de junio de 2008

El año 1976 finalizó con una observación múltiple asombrosa

Hacia las 2 de la madrugada del día 29 de diciembre de 1976, hizo su aparición, en el cielo, un espectacular bólido que fue visto en diferentes lugares de la península ibérica, norte de África y desde un avión en el océano Atlántico. El extraordinario meteoro provocó numerosos casos ovni en la citada madrugada.

Las visiones del bólido, tomado por un ovni, se produjeron en las provincias de Valencia, Alicante, Murcia, Almeria, Málaga, Cádiz, Granada, Toledo, La Rioja, Navarra, ciudad de Melilla y desde un avión que acababa de despegar de Lisboa (Fermín Sánchez de Medina, Informe sobre un caso múltiple: 29.XII.76, Stendek, nº 32, junio 1978, pp. 2-10 y 29).

Esta serie de observaciones resultan muy didácticas pues, por ellas, veremos desfilar toda una serie de percepciones erróneas, ilusiones, historias fraudulentas, etc. Además, también aparece, en todo su esplendor, el efecto investigador”, donde se puede comprobar cómo los prejuicios del ufólogo pueden moldear una observación poco común, adaptándola al mito ovni.

Uno de los testimonios más extensos se publicó en La Gaceta del Norte el día 30 de diciembre y daba cuenta de la aparición del fenómeno luminoso visto desde Arrubal (La Rioja).



José L. Guillerma y varios colaboradores se desplazaron al lugar del suceso para realizar la oportuna encuesta. Las pesquisas que efectuaron se pueden leer en: Informe sobre la observación de un misterioso objeto volante en Arrubal, Stendek, nº 29, septiembre 1977. En dicho artículo se puede ver claramente el mencionado “efecto investigador”. Las ideas preconcebidas del encuestador convirtieron la observación de un bólido en el aterrizaje de un OVNI: “...entramos inmediatamente en la zona del aterrizaje, pues, casi con absoluta certeza el objeto estuvo posado en tierra.” (Guillerma)

Como todo el mundo sabe, los vehículos suelen fallar en las proximidades de un OVNI. Es el llamado efecto EM. Supongo que por esa razón, el encuestador menciona, en su trabajo, que la motocicleta del testigo comenzó a fallar un poco antes de la observación: “A unos doscientos metros de la carretera general –quizás menos- se detuvo, pensando que la bujía hacía ‘pelo’, y se dispuso a cambiarla. La cambió, y la moto siguió fallando.” (Guillerma). Como se puede leer en La Gaceta del Norte, el observador no menciona este incidente, lo cual sugiere que no lo relacionó con la aparición luminosa.

También aparecen, en el informe del encuestador, los clásicos errores de percepción de distancias: “...a unos 800 o 1000 metros de distancia del testigo, y a su espalda, se encendió una potente luz blanca.” Y de altura: “...se elevaba sobre una estela verde-amarilla, para estabilizarse a algunas decenas de metros sobre el suelo.” (Guillerma) (El resaltado es mío)

Según Guillerma, el OVNI desapareció por el oeste: “lo comprobamos porque momentos después de llegar nosotros al lugar se puso el sol por el mismo lugar que voló el OVNI.” Como muy bien apunta Manuel Borraz en: Ovnis, la cuestión de los casos negativos (I), CdU nº 11, 1991, el día 15 de enero de 1977 (fecha de la visita de los encuestadores al lugar del incidente): “...el Sol no se ponía exactamente por el oeste sino unos 30º más al sur. Por lo tanto, una trayectoria NE-SO parece más adecuada en este caso que la trayectoria E-O sugerida por una lectura superficial del informe.” En el recorte de prensa (ver más arriba) el testigo señala una trayectoria N-S.

Pero, para más inri, el equipo de encuesta descubrió huellas, en el terreno, del supuesto aterrizaje: “Mis acompañantes y yo nos dispersamos sobre el terreno, mientras el Sr. Martínez nos indicaba aproximadamente la zona donde había visto el objeto. Cerca del lugar encontramos huellas. No puedo decir si eran o no del OVNI. Pero eran huellas, ¿cómo decirlo?, fuera de lugar.” (Guillerma)

En febrero de 1984, J. Marcos Gascón efectuó una serie de averiguaciones sobre el caso: “Gascón concluye que el testigo observó muy probablemente un bólido y que los problemas en el sistema eléctrico de su motocicleta habrían sido fortuitos. Por otra parte, pone en evidencia que el testigo no sólo no llegaba a definirse sobre el asunto de las huellas encontradas por Guillerma durante su encuesta del caso, sino que incluso mantenía sus dudas respecto a una eventual ascensión del objeto desde el suelo.” (M. Borraz)

En fin, como se ha visto, la investigación de campo puede introducir serios errores y distorsiones en una observación OVNI, que luego servirán para que no haya forma de explicarla y para seguir alimentando el mito.

Pero todavía hay más. En varias observaciones del bólido, acaecidas en la provincia de Toledo, se mencionan ciertos elementos extraños y sospechosos. Los casos ocurrieron entre Arenas de San Pedro (Ávila) y Talavera de la Reina (Toledo). Los datos que llaman la atención del primer caso son: Parada del motor de un automóvil, y alumbrado del mismo, al paso del ovni (bólido) e inmovilización de éste durante cinco minutos. En el segundo caso, sucedido también en la misma carretera, “...el motor de su coche se quedó inactivo, y las luces de su vehículo se apagaron.” Y “la observación del objeto luminoso duró aproximadamente, cinco o seis minutos.” El tercer caso aconteció a unos 4 kilómetros del anterior y fueron testigos unas camareras: “Durante el paso del fenómeno luminoso fue advertida en el Club una pérdida de potencia de su iluminación, que es producida por un generador propio, seguida de una subida espectacular de la misma durante un momento...” (F. Sánchez)

Como es lógico, un meteoro no hace esas cosas y se podría pensar que se trata de observaciones de otro fenómeno, pero las descripciones de los tres avistamientos son coincidentes con las del bólido: Hora de aparición, aspecto del fenómeno luminoso, larga estela verde, trayectoria N-S, etc. ¿Se han añadido esos elementos a las mencionadas visiones del bólido para amoldarlas al estereotipo OVNI?

Por otra parte, resulta curioso y sospechoso que el encuestador de estos casos talaveranos (Antonio Rodríguez Santamaría) sea el mismo que investigó el rocambolesco aterrizaje OVNI, producido esa misma madrugada, en un polvorín de Talavera de la Reina. Historia que pueden leer aquí y que pronto se descubrió que era un fraude.

Por lo visto, el bólido de la madrugada del 29 de diciembre de 1976 dio para mucho. El espectacular meteoro sirvió, probablemente, de inspiración para el increíble aterrizaje en una instalación militar de la citada ciudad toledana. Las pesquisas realizadas por Vicente-Juan Ballester Olmos confirmaron que el avistamiento era una patraña. Más datos, en su informe: Fiasco ufológico: el caso del polvorín de Talavera (1976), CdU, nº 9-10, pp. 117-121, sep-dic. 1990 y también en su libro: Expedientes Insólitos, Temas de hoy (Madrid), 1995, pp. 98-105.

Otra de las clásicas imprecisiones en los testimonios suele ser la de la hora de observación. En este caso, la información de dicho dato varía desde las 1:50 hasta las 2:10 horas. O sea, casi un margen de media hora.

Resulta, también, ilustrativa la información, aportada por los diferentes testimonios, sobre la forma del núcleo del fenómeno luminoso: Redondo, ovalado, triangular, forma de puro, redondo con base plana y cúpula, alargado, etc.

El bólido visto desde Algeciras. Dibujo publicado por el diario Sol de España el domingo, 9 de enero de 1977.



¿Bólido natural o artificial?

“Según comunicación con fecha del 6/8/84 de D.W. Kindschi, del NORAD, a V.J. Ballester Olmos, no hay constancia de ninguna reentrada de objeto espacial de origen artificial en los listados del NORAD que pudieran explicar las observaciones del 29/12/76.” (M. Borraz)


El avistamiento múltiple de la madrugada del 29 de diciembre de 1976 es una buena muestra de cómo se puede llegar a distorsionar la observación de un fenómeno natural, eso sí, muy espectacular, y convertirlo en un portentoso incidente OVNI.

3 comentarios:

Javi Villa dijo...

Excelente estudio analítico sobre ese caso múltiple de finales de 1.976 sobre la península ibérica. Destaca especialmente el denominado "efecto del investigador" de esa época (seguramente porque el propósito más importante de los encuestadores de casos de entonces, a rebufo de Antonio Ribera y Juan José Benítez, era dar a conocer a la opinión pública que era cierto el rumor de que existían OVNIS, que había una realidad del fenómeno OVNI). Parece que fue clave la reencuesta del investigador Juan Marcos Gascón con el testigo de Logroño, atribuyendo el caso a la más que probable observación de un bólido.
Aunque hubiese sido una reentrada de satélite artificial o chatarra las características de lo observado hubieran sido similares. Probable caida al mar. Ciertamente, pensar que una nave extraterrestre da una pasada sobre nuestro planeta Tierra (de forma aleatoria, sobre la península Ibérica) manifestandose ante los sorprendidos testigos del modo que lo hizo es entrar en la ciencia-ficción de la coincidencia.
Definitivamente, un diez, Juan Carlos, por la labor realizada.

Anónimo dijo...

Se trató de una reentrada, la nave espacial china Shenzhou II (no tripulada) a su regreso de la exploración efectuada en Ganímedes, cuyo control se perdió cuando se hallaba a unos 20.000 kilómetros de la Tierra; cosa que sabía perfectamente la NATO pero que no quiso reconocer por carta a Ballester Olmos por cuestiones de alto ranking politico-militar. Saludos.

Anónimo dijo...

"Definitivamente, un diez, Juan Carlos, por la labor realizada."
¿Cómo un diez? ¡Un catorce, hombre!