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martes, 27 de septiembre de 2022

Maravillas en el cielo (10): Buendía, 5 de marzo de 1555


En el caso 193 de Wonders in the Sky se cuenta la aparición, en el cielo de la citada población conquense, de un fenómeno aéreo no identificado con forma de cruz. 


Resumen del caso

El documento original donde se relata esta historia se encuentra en el Archivo Diocesano de Cuenca, sección Inquisición, legajo 202, expediente 2292, s/nº (no consultado).

Según las trascripciones de las diversas fuentes examinadas, al atardecer del 5 de marzo de 1555 (durante la Cuaresma), numerosos testigos observaron en Buendía una luz muy brillante en forma de cruz en el cielo. Al principio era muy delgada, pero luego fue creciendo hasta hacerse tan grande o más que la cruz del Calvario (cruz de madera colocada en el camino de Villalba del Rey, a medio kilómetro del pueblo, por los Cofrades del Cabildo de la Santa Vera Cruz). Quedó suspendida durante más de media hora (según William A. Christian Jr. "a lo largo de una hora"). Parece ser que la cruz luminosa fue desplazándose, poco a poco, hacia la ermita de San Sebastián, desapareciendo tras una nube.

El fenómeno fue contemplado desde varias zonas. Algunas mujeres mientras rezaban en el crucero. Otras desde la puerta del Sol, mirando hacia el Calvario. También desde una fuente. Algunos hombres, viniendo del campo, lo divisaron desde la puerta Calzada en dirección al camino de Villalba y la ermita de San Sebastián. Otros, viniendo de la Sierra, lo observaron al otro lado de la villa, hacia la cruz del Calvario (Palomino 2007). 

Fueron recogidos los testimonios de diecinueve personas, la mayoría mujeres: "Diecinueve de ellos describieron lo que habían visto a los notarios públicos delegados por la cofradía de la Vera Cruz y su testimonio fue enviado a Cuenca." (Christian Jr., 1991, pp 225-226).

En el siguiente mapa (de 1943) tomado de aquí, hemos señalado los lugares donde estaban ubicados algunos de los testigos según los datos que dan dicha información. No sabemos con exactitud la localización de la ermita de San Sebastián. El santuario no existe actualmente y no ha quedado ningún vestigio físico del mismo, y parece que tampoco documental. Entendemos que podría estar en el paraje denominado en la actualidad como San Sebastián.

 

El pueblo, de 900 vecinos (Christian Jr., 1991), estaba protegido por una muralla de piedra y mampostería, construida en el siglo XV por el Conde de Buendía, Don Pedro de Acuña Albornoz. Tenía cinco puertas de acceso a la villa.

El embalse de Buendía fue inaugurado en el año 1958. El río Mayor y zonas adyacentes quedaron inundadas.


La Inquisición interviene en el caso

Los inquisidores, escasamente preocupados por el suceso, no pidieron hasta el mes de mayo de 1557 la intervención de un especialista en teología para estudiarlo, el doctor Herrera, que "advierte que no hay que atribuir el hecho a un milagro, ya que puede responder a causas naturales"(Sarrión, 2001, Pág.112).

"vista la información y que los dichos de los testigos convienen en que vieron imagen de cruz aunque discrepan en el color y lugar y otras particularidades, porque unos dicen que les paresció blanca, otros colorada; y unos dicen que la vieron sobre la cruz del calvario, otros que en el cielo. Paresce, salvo mejor juicio, que la información bastará para creer que se vio figura de cruz (...) y debe ser ocasión a los christianos para que en ellos crezca cada día más la devoción de la sancta cruz y para que den gracias a Dios porque con imagen de cruz quiso mostrar cuánto le es acepta la devoción de la sancta cruz y la memoria de su pasión. Mas no será bastante, a mi ver, para que se tenga, indubitablemente, por obra de milagro. Y esto no tanto por la calidad de los testigos, que cuasi todos son mujeres, ni por alguna discrepancia en sus dichos, como porque semejante figura pudo ser de causas naturales, conforme a lo que Aristóteles dice en el libro de los meteoros de las inflamaciones que se hacen en la suprema región del aire según la diversidad de las exhalaciones cálidas y secas (...). Asimismo, porque en buena teología no se sufre poner milagro sino donde no se puede negar con razón."

Vallée y Aubeck comentan: "Incluimos este caso por su interés como fenómeno aéreo no identificado, aunque no se debe ignorar el significado religioso del caso."

Si en la época ya sospechaban que no había nada "sobrenatural" no hay necesidad de buscar explicaciones extraordinarias en nuestros días.


Relación de posibles explicaciones

Revisando los fenómenos naturales con luminosidad propia más conocidos, resulta que ninguno sería compatible con lo observado en Buendía, especialmente por lo que se refiere a la forma y, en algunos casos, la duración:

La cruz fue observada al atardecer, en el cielo oriental. Hasta donde sabemos, no hay ningún testimonio de observadores situados al este de la cruz del Calvario que pudieran haber confirmado que el fenómeno se encontraba realmente sobre dicha cruz. Por tanto, no está demostrado que se tratara de un fenómeno local. 

En el momento en que el sol se ocultó por el horizonte, el astro se encontraba prácticamente al oeste mientras la luna era visible al este, a 28º de elevación, ascendiendo y desplazándose hacia el sur. El satélite alcanzó la fase de luna llena apenas tres días después, el 8 de marzo.


A continuación se reseñan algunos fenómenos relacionados con la luz solar, observables hacia el este, que podrían proponerse como explicación de la cruz, indicando los principales inconvenientes en cada caso:


Análogamente, abajo se mencionan fenómenos involucrando la luz de la luna, que se encontraba justamente en la parte del cielo donde se veía la cruz:

 

(Téngase en cuenta que, aunque las fotos ilustrativas aquí incluidas son nocturnas, la cruz se observó al atardecer.)


Este blog ya ha tratado una observación histórica de una cruz centrada en la luna que se vio en Villaviciosa de Odón (Madrid) en 1851. En esa ocasión, la cruz estaba formada por un tramo de círculo paraselénico, un pilar lunar superior y otro inferior. No obstante, no está claro que la cruz de Buendía tuviera la misma explicación, ya que, a juzgar por las informaciones consultadas, los testigos no mencionaron la luna, algo incomprensible si hubiera sido visible justo en el centro de la cruz. 

En este blog también se ha mencionado la observación desde Chamberí, en (o hacia) la misma fecha que el suceso de Villaviciosa, de "una pequeña nube iluminada con los colores del arco iris, cuya figura se aproximaba mucho a la de una cruz", situada a la izquierda de la luna. En este caso, la descripción coincidía con la de un paraselene. Tampoco está claro que esta explicación pueda aplicarse a la cruz “bien fecha e perfeccionada” de Buendía (aunque la omisión de la luna en los testimonios podría deberse a que estuviera oculta por nubes bajas que, sin embargo, dejaran ver el paraselene y parte del halo de 22º, ambos separados del satélite).


Conclusión

Después de examinar los detalles del caso y las distintas hipótesis explicativas, es razonable concluir que la cruz observada en Buendía consistió en uno de los siguientes fenómenos o una combinación de ellos:

   - nubes iluminadas por el sol y la luna;

   - fenómenos ópticos tipo halo o pilar, causados por cristales de hielo en suspensión.

El desconocimiento del horario exacto de la observación y la situación precisa de la cruz (dirección, elevación angular) impide llegar a una conclusión definitiva. En todo caso, la hipótesis de una formación de nubes con aspecto de cruz, realzada por la iluminación solar/lunar, parece provisionalmente la explicación más verosímil. 

En definitiva, un inesperado fenómeno natural que sobrevino en tiempo de Cuaresma fue interpretado como un hecho milagroso por los habitantes de Buendía, suscitando una reacción tanto de maravilla como de temor a un próximo fin del mundo.


Referencias

Christian, William A. (1991). Religiosidad local en la España de Felipe II. Editorial Nerea (Madrid).

Palomino Palomino, Teresa (2007). Buendía: su historia, personajes, usos y costumbres. Diputación de Cuenca (Cuenca).

Sarrión Mora, Adelina (2001). La religiosidad de la mujer en Castilla durante la época pretridentina. Carlos V y la quiebra del humanismo político en Europa (1530-1558), vol. 4. Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V (Madrid).

Cordente Martínez, Heliodoro (1985). Testimonio de una visión Ovni en forma de cruz. Karma 7, nº 153 (agosto 1985), pp. 27-29.


Manuel Borraz y Juan Carlos Victorio




sábado, 29 de enero de 2022

Maravillas en el cielo (9): Cuenca, 1521

El caso nº 169 de Wonders in the Sky se refiere al vuelo fantástico que tuvo el doctor Eugenio Torralba, gracias al contacto que tenía con un alienígena volador llamado Zequiel: "Contact with a flying Alien".

Resulta extraño que se indique el año 1521. No hemos podido relacionarlo con ninguna fecha señalada del caso. Por otra parte, parece ser  que en dicho año Torralba no se encontraba en Cuenca sino en Italia:

"Hasta 1526, vivió en Roma, Bolonia y Siena. Estaba en Roma cuando murió Fernando el Católico en el año 1516. Este periodo duró aproximadamente unos ocho o diez años." (Fernández, 2018, p. 43)


Origen de la información

Lo que se sabe de la vida de Torralba y de los hechos maravillosos de su historia proviene del proceso inquisitorial de 1528 a 1531, es decir, de sus propias declaraciones −algunas de ellas obtenidas bajo tormento− y de las de testigos que manifestaban lo que él les había contado. Como observa Llorente (1822, p. 231), "en ocho declaraciones que hizo en su proceso Torralba, tuvo el cuidado de citar siempre personas ya difuntas, menos una, y esa la delató a la Inquisición por escrúpulos después de haber profesado tan grande amistad como se verá" (en referencia a Diego de Zúñiga).

Las audiencias y la sentencia de Torralba están recogidas en diversas relaciones manuscritas. La que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, “Proceso que se fulminó contra el doctor Eugenio de Torralba en la Inquisición de Cuenca año de 1531”, fue la copia utilizada por Caro Baroja (1992), conforme en lo sustancial a la que poseía y utilizó Menéndez y Pelayo (1880). Puede leerse transcrita con ortografía modernizada en la referencia de Fernández Carrasco (2018). En lo que sigue, las citas proceden de esta última referencia, salvo que indiquemos otra fuente.


Origen y descripción del espíritu

Fue uno de los amigos de Torralba en Roma, fray Pedro, un fraile dominico dado a las ciencias ocultas, quien puso a su disposición de por vida a Zequiel, un espíritu bueno que hasta entonces había estado al servicio del dominico (Menéndez, 1880).

Zequiel (a veces escrito Zaquiel y también Çequiel o Çaquiel) se dejaba ver “en figura de hombre con gesto venusto blanco vestido de una vestidura de color roja como receptor y encima una sobre vestidura negra" ("en figura de un joven blanco y rubio con vestido encarnado, y sobretodo negro", según Llorente (1822)).

Torralba añadía que "algunas veces viene en hábito de ermitaño o religioso con hábito honesto y nunca en figura de mujer sino de hombre de edad de hasta 20 o 30 años" (con aspecto de "peregrino" o bien de "ermitaño", indica Llorente (1822)). 

Representación de Zequiel

Zequiel se presentaba a Torralba en templos e iglesias, en los campos y "muchas veces en su posada y estando en la cama". También se le apareció cuando estaba preso, pero Torralba “no le quiso escuchar ni hablar, metiéndose entre los compañeros de cárcel".


¿Alguien más vio al espíritu, aparte de Torralba?

Torralba declaró que era el único que veía a Zequiel. No obstante, de manera excepcional, tras hacerle “muchos ruegos e importunaciones”, consiguió que también se dejase ver en una ocasión por el cardenal de Volterra (Francesco Soderini), a cuyo servicio estaba Torralba.

Igualmente declaró que, estando en compañía de "don Diego de Zúñiga y el secretario Acevedo maestre de campo que fue en Italia y en Saboya" cerca de "una villa llamada Barceloneta" (que Llorente sitúa en el Piamonte), "vino el dicho espíritu estándose paseándose en el campo los susodichos que le tuvieron miedo diciendo que habían visto cierta cosa que se fuesen de allí". Torralba les explicó de quién se trataba, que no era un espíritu maligno y que, por tanto, no debían tener miedo. Zúñiga llegó a pedir a Torralba poder verlo, pero éste le aclaró que no estaba en su mano obligarlo a mostrarse.

Preguntado Torralba “si el dicho espíritu es palpable y le ha tentado” respondió en el proceso que el personaje no consentía que lo tocaran. En cambio, también explicó que en cierta ocasión propinó un “empujón” que dejó “muy turbado” a un paisano de Cuenca que se llamaba Tomás de Silva, alias Salcedo, cuando paseaba con Torralba por el muelle de Nápoles.


De cuántos "vuelos" se habló

Nadie fue testigo de los presuntos vuelos de Torralba en compañía de Zequiel. Antes de su extraordinario viaje de ida y vuelta de Valladolid a Roma en 1527, que coincidió con el ”sacco di Roma” por parte de las tropas imperiales, ya habría hecho un viaje similar de Roma a Venecia en 1513. Aunque en un primer interrogatorio negó tales extremos, posteriormente acabó declarando lo siguiente (Fernández, 2018; Caro 1990 y 1992):

“Preguntado si el dicho espíritu Zequiel le ha transportado corporalmente a alguna parte y de la manera que lo lleva, dijo que hacía 15 años [es decir, en 1513] que el dicho espíritu llevó a este confesante desde Roma a Venecia queriendo hablar este confesante a un amigo suyo y que se llama Alejandro de Becara y asimismo estando en Valladolid el mes de mayo próximo pasado [mayo de 1527] habiéndole visto dijo el dicho Zequiel que de cómo aquella hora era entrada Roma y saqueada se lo dijo y este confesante se lo dijo a algunas personas y lo supo el emperador pero este confesante no lo creyó, antes, se reía de lo que decía y otra noche siguiente el dicho espíritu Zequiel viendo que no quería creer nada le persuadió que fuese con él que lo llevaría a Roma y lo volvería la misma noche y así fue que el dicho espíritu y este confesante salieron a las 4 horas de la noche paseándose hasta fuera de la villa de Valladolid y estando fuera le dijo el dicho espíritu no haber paura fidate de me [no tengas miedo, confía en mí] que yo te prometo que no tendrás ningún desplacer per tanto piglia a queso in mano [ten eso en la mano] y a este confesante le pareció que cuando lo tomó en la mano era un leño nudoso y dijo a este confesante cierra occhi [cierra los ojos] y cuando los abrió le pareció a este confesante ser tan cerca de la mar que con la mano la podría tomar y después le pareció cuando abrió los ojos como dicha tierra le pareció una grande oscuridad a manera de nube y después un resplandor donde tuvo este confesante un gran miedo y temor y el dicho espíritu le dijo noli timere bestia fieia [no temas bestia fiera], ho oqui [?].         

Así lo hizo este confesante y cuanto se acordó por espacio de media hora se halló en Roma en el suelo y le demandó a este confesante doui pensate che estate adesso [¿dónde crees que estas ahora?] y este confesante dijo que estaba en torre de Nona y allí contó este confesante que dio el reloj del castillo de san Ángel las cinco horas de la noche y así fueron este confesante y el espíritu paseando y hablando hasta torre de santa Ginia donde vivía el obispo de Copis Tudesco y vio este confesante sacar muchas cosas y vio y sintió todo lo que en Roma pasaba y de allí se tornó de la manera que dicho tiene ser espacio de hora y media hasta Valladolid que le tornó a su posada que es cerca del monasterio de San Benito y que estuvo con él después un poco y le dijo de aquí adelante me crees omini cosa valet [cuanto yo te diga].”

(Téngase en cuenta que, según Torralba,  Zequiel se expresaba en latín y en italiano.)

También hay que mencionar que, durante el proceso, su delator Diego de Zúñiga declaró como testigo que Torralba ya le había hablado en 1520 de “que iba y venía a Roma en una noche y que llevaría delante una guía” que “resplandecía como el fuego”. Zúñiga no recordaba si el viaje era cabalgando una caña u otra cosa.


Sobre el proceso y el motivo de la condena

"No se trata de una leyenda o tradición oral, estamos ante un caso real, un proceso inquisitorial a una persona, donde es juzgada y condenada por haber realizado un viaje extraordinario y haber tenido un espíritu a su servicio." (Fernández, 2018)

No está claro qué motivó a Diego de Zúñiga a denunciar a su antiguo amigo Eugenio Torralba ante la Inquisición. Lo cierto es que el inquisidor general entre los años 1523 y 1538, Alonso Manrique, reformó el tema de las denuncias por edicto, introduciendo seis capítulos sobre magia, adivinaciones y astrología. En uno de ellos solicitaba que se denunciara a las personas de las que se oyera decir que tenían espíritus familiares o que invocaran al demonio (Llorente, 1822; Fernández, 2018, pp. 71-72).

Según Caro Baroja (1992), “existen varios procesos de la Inquisición española contra escolares acusados de tener un espíritu familiar, y siempre fueron condenados porque los inquisidores consideraron que estos familiares, por mucho que dijeran los encausados que eran buenos, tenían que ser malos”. Torralba insistió en la bondad de Zequiel −salvo bajo tormento, cuando declaró que ya lo tenía por malo por ser la causa de su desgracia (Llorente, 1822; Fernández, 2018)− pero no le sirvió para evitar su condena. En opinión de Caro Baroja, el inquisidor de Cuenca “se limitó a proseguir el asunto del modo más jurídico que pudo y sin dudar (...) por un momento de que Zaquiel era un espíritu malo, de acuerdo con principios que se hallan expuestos en libros de Derecho inquisitorial”.


Posterior conversión en mito literario

Después del proceso, la figura de Torralba perduró en la literatura convertida en un mito, cuyos detalles guardaban poca relación con la historia original.

Treinta años después, Luis Zapata se ocupaba del asunto en el poema épico “Carlo famoso” (1566), donde Torralba era un nigromante famoso y Zaquiel un espíritu maligno con figura de viejo (Caro, 1992).

Pero, sin duda, la cita más famosa es la que le dedicó Miguel de Cervantes ochenta años después en el capítulo XLI de la "Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha" (1615), con intervención diabólica incluida: 

“... acuérdate del verdadero cuento del licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma, y se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los abrió y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerno de la luna, que la pudiera asir con la mano, y que no osó mirar a la tierra, por no desvanecerse.”

Por citar un ejemplo más reciente, Ramón de Campoamor publicó en 1888 el poema “El licenciado Torralba, poema en ocho cantos”.


Inclusión del caso en Wonders in the Sky

¿Por qué incluyen Vallée y Aubeck este caso en su libro si la obra está dedicada a los “objetos aéreos inexplicados”?

Una de las reglas seguidas para incluir un caso en el libro fue ("regla 3"):

"El  fenómeno debe estar vinculado con un fenómeno aéreo o estar estrechamente relacionado con el contacto con un objeto aéreo o una entidad no humana. También aquí hemos relajado las exigencias al remontarnos atrás en el tiempo."

De todas maneras, los autores admitían que incluir este tipo de casos en que aparecen entidades no asociadas a fenómenos aéreos es problemático. Por un lado, habrían preferido evitarlos para que el lector no acabara pensando que detrás de los fenómenos hay necesariamente determinados tipos de entidades. Pero, por otro lado, creían necesario informar al lector de que los relatos de interacción con entidades sobrenaturales han coexistido con los informes sobre fenómenos aéreos a lo largo de la historia. En la práctica, optaron por retener sólo los ejemplos en que la interacción tuviera “una especial relevancia para el fenómeno global”. Distinguir los relatos ficticios de los auténticos es hoy tarea imposible −señalaban− pero incluirlos todos no era una opción práctica, dado su elevado número. Además, habría desvirtuado el propósito del catálogo, centrado en los testimonios de objetos o fenómenos aéreos.

Aun así, la cuestión de los criterios de inclusión no parece haber quedado totalmente consensuada entre los propios autores. Uno de los ejemplos incluidos en el libro (caso nº 82, en torno a 1050,  Vinland, Newfoundland) recoge la aparición de una mujer vestida de negro relatada en una saga islandesa. No obstante, hacen constar que para uno de los autores podría ser considerada “una historia de fantasmas más que un caso OVNI”, mientras que el otro defiende que "numerosos informes modernos de visitas alienígenas entran dentro de esta misma categoría y siguen idéntico modelo".

El caso de Eugenio Torralba ya ha sido relacionado en otras ocasiones con la temática ufológica. Por ejemplo, Salvador Freixedo (1978) calificaba el caso de “contacto extraterrestre” entre comillas, pues consideraba que “lo que mucha gente llama “extraterrestres“ probablemente no sean sino manifestaciones de entidades que no proceden de fuera de la Tierra, sino de otros niveles de existencia de nuestro mismo planeta”. Como han hecho otros ufólogos, destacaba que la descripción del misterioso ser como “muy blanco y muy rubio” coincide con “lo que muchos de los modernos contactos nos dicen de los personajes que los visitan o que los transportan en sus naves”.


Opiniones sobre el caso 

En su "Historia crítica de la Inquisición española", el sacerdote Juan Antonio Llorente calificaba a Torralba de “gran embustero y loco”, señalando que en sus declaraciones incurrió en contradicciones “como acontece a los que mienten mucho en diferentes tiempos y circunstancias”. Llorente se mostraba sorprendido por “la temeridad del reo, en el empeño de hacer creer sus cuentos como sucesos verdaderos, aun a costa de más de tres años de prisión, y del tormento de cuerda”. Lo consideraba un ejemplo de lo que puede llegar a ocurrir cuando alguien se empecina en “adquirir un renombre famoso por algún rumbo” sin importarle las últimas consecuencias (Llorente,1822).

A finales del mismo siglo XIX, Marcelino Menéndez Pelayo describió a Torralba como el único "hombre de ciencia español" del que tenía noticia "que pueda ser calificado plenamente de nigromante docto a la vez que de escéptico y cuasi materialista" (Menéndez, 1880). En su opinión era, además, "un loco de atar", añadiendo que "así lo entendió la Inquisición, y por eso no perdió el tiempo en atormentarle ni quemarle" (Menéndez, 1879).

Posteriormente, Julio Caro Baroja puntualizaría: “Sí le atormentó —hay que corregir— y si fue considerado loco o no, no se puede inducir del proceso extractado” (Caro, 1992). Para dicho antropólogo, el doctor Torralba –“médico, taumaturgo, cabalista y neoplatónico, italiano de formación”− fue “el mago más famoso del Renacimiento español o hispano-italiano” y un paradigma de lo que él denominaba “personificación”:

“En todo caso Torralba queda también como un enigma psicológico, como un mitómano que pretende personificar viejas leyendas sobre viajes extraordinarios, como las que corrieron en la Edad Media y el Renacimiento, y que vive vinculado a Zaquiel en forma nunca vista en sociedades o, mejor, asociaciones de hombre y espíritus en la España renacentista, pero aceptada desde época antigua en otros países y otros medios. No puede sostenerse tampoco que fuera un loco a secas, como pretendió Menéndez Pelayo, so pena de incluir en esta categoría a cantidad de hombres conocidos del siglo III al XVI.”


Precedentes de la historia del "vuelo"

En efecto, el viaje extraordinario a Roma asistido por un demonio tiene una larga tradición que arranca en la Edad Media. Así pudo comprobarlo Benito Jerónimo Feijoo (1742 y 1745) cuando, habiendo oído hablar de la transportación mágica del obispo de Jaén, encontró constancia de un “viaje” similar en la Crónica general de Alfonso X (1906, p. 206), pero atribuido a un obispo galo-romano, San Antidio de Besanzón. Feijoo constató que esta versión del relato procedía de la Chronographia de Sigeberto de Gembloux, al tiempo que daba noticia de otra versión protagonizada por San Máximo, obispo de Turín. 

Pero no son estos los únicos precedentes que restan originalidad a los “vuelos” de Torralba. Menéndez y Pelayo (1880) resumía así las andanzas de un personaje prácticamente contemporáneo al doctor conquense, pero algo anterior:

"Una historia algo parecida [a la de Torralba], pero no confirmada, como ésta, por documentos judiciales y auténticos, cuentan en Navarra y la Rioja (tierras clásicas de la brujería española) del cura de Bargota, cerca de Viana, que hacía extraordinarios viajes por el aire, pero siempre con algún propósito benéfico o de curiosidad, v. gr., el de salvar la vida a Alejandro VI contra ciertos conspiradores, el de presenciar la batalla de Pavía, etc., todo con ayuda de su espíritu familiar, cuyo nombre no se dice."

(Para más detalles, ver Llorente (1822) y Caro (1992).)

Prudencio de Sandoval (obispo de Pamplona a principios del siglo XVII) refería en su Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V (1618) una demostración pública del vuelo de una bruja con ayuda de un ungüento que habría tenido lugar en Navarra en 1527, es decir, en el mismo año del famoso viaje de Torralba a Roma. Obviamente no existen actas dando fe de este inverosímil acontecimiento −por cierto, anterior a Sandoval−, pero su simple mención como hecho "histórico" permite entender que, para muchos, en la mentalidad de la época, los viajes aéreos de los que hablaba Torralba o los del cura de Bargota no debían de parecer tan descabellados.

De hecho, en pleno Siglo de las Luces, el padre Feijoo aún pudo interrogar (y desenmascarar) a un tal Pedro Moreno que, inspirado al parecer por la historia del obispo de Jaén, andaba contando haber hecho el viaje de Oviedo a Madrid con prodigiosa rapidez, con ayuda de un báculo que le entregó un misterioso fraile (Feijoo, 1742).


Conclusiones

En el siglo XVI llegó a haber división de opiniones sobre el carácter de los vuelos de los brujos. ¿"Son llevados corporalmente por el aire" por los demonios? ¿O bien "es ilusión o engaño con que el demonio se lo hace creer en sueños o en vigilia"? (Arce de Otálora, 1995)

Aquella controversia no desentonaría hoy con la que se da en algunos círculos ufológicos y paraufológicos. ¿Son los contactos con extraterrestres lo que aparentan o son fantasmagorías inducidas en las mentes por algún agente no humano? Historias como la de Torralba son contempladas a la luz de las historias de nuestros días para intentar demostrar que ese agente extrahumano ha estado interviniendo a lo largo del tiempo, siendo interpretado en cada época de acuerdo a los parámetros culturales y religiosos del momento.

Sin embargo, en casos como el del doctor Torralba es mucho más realista aterrizar en el terreno de las explicaciones puramente antropológicas, teniendo en cuenta la absoluta falta de pruebas de los presuntos hechos maravillosos, los precedentes de la historia, la trayectoria vital del protagonista, el entorno en el que se desenvolvía y la mentalidad de la época.

La única incógnita que razonablemente persiste es cuánto de superchería o impostura y cuánto de mitomanía o trastorno psiquiátrico pudo haber en el caso de Torralba. Por otro lado, ésos y no las intervenciones alienígenas serían los únicos nexos de unión −puramente humanos− con las actuales historias de contactados.


Referencias

Fernández Carrasco, Eulogio (2018). La Inquisición: Procesos y autos de fe en el Antiguo Régimen. Editorial Sanz y Torres (Alcorcón, Madrid).

Llorente, Juan Antonio (1822). Historiacrítica de la Inquisición de España (vol. 3).  Imprenta del Censor (Madrid).

Caro Baroja, Julio (1990). Localización,personificación y personalización de las leyendas. Gazeta de Antropología, nº 7. Universidad de Granada (Granada).

Caro Baroja, Julio (1992). Vidas mágicas e Inquisición  (vol. 1). Ediciones Istmo (Madrid).

Menéndez Pelayo, Marcelino (1879). La ciencia española: polémicas, indicaciones y proyectos. Imprenta Central a cargo de Víctor Saiz (Madrid).

Menéndez Pelayo, Marcelino (1880). Historia de los heterodoxos españoles (vol. 2). Librería Católica de San José (Madrid).

Zapata, Luis (1566). Carlo Famoso. Ioan Mey (Valencia).

Cervantes Saavedra, Miguel de (1615). El ingenioso hidalgo donQuijote de la Mancha, segunda parte, capítulo XLI. Francisco de Robles (Madrid).

Campoamor, Ramón de (1888). El licenciado Torralba. Fernando Fe (Madrid).

Freixedo, Salvador (1978). “Extraterrestre” del siglo 15. Mundo Desconocido, nº 22 (abril 1978), pp. 18-21.

Feijoo, Benito Jerónimo (1742). De la transportación mágica del Obispo de Jaén. Cartas eruditas y curiosas, tomo primero, carta XXIV.

Feijoo, Benito Jerónimo (1745). Nuevas noticias en orden al caso fabuloso del Obispo de Jaén. Cartas eruditas y curiosas, tomo segundo, carta XXI.

Alfonso X (1906). Primera crónica general: estoria de España que mandó componer Alfonso El Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289 (edición de Ramón Menéndez Pidal), p. 206. Bailly-Bailliere e Hijos (Madrid).

Riquer, Jeneze (2020). Iberia legendaria (56). San Antidio y el diablo. Rinconete, 19/2/2020. Centro Virtual Cervantes.

Sandoval, Prudencio de (1618). Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V (vol. 1), libro XVI, sección XV. Bartholome Paris (Pamplona).

Arce de Otálora, Juan de (1995). Coloquios de Palatino y Pinciano (vol. 2), p. 1262. Turner-Biblioteca Castro (Madrid). Citado en: Vian Herrero, Ana (1997). Transformaciones del pensamiento mágico: el conjuro amatorio en la "Celestina" y en su linaje literario. Cinco siglos de "Celestina": aportaciones interpretativas, p. 236. Universitat de València (Valencia).


Manuel Borraz y Juan Carlos Victorio


jueves, 3 de junio de 2021

Maravillas en el cielo (8): Caravaca, 1384

El caso número 131 de Wonders in the Sky trata sobre unas luces aéreas que acompañaron a la cruz de Caravaca durante su traslado a la aldea de Lorca y Totan, en el año 1384.


Vallee y Aubeck escriben lo siguiente:
En 1384, mientras la cruz de Caravaca era transportada desde el pueblo de Caravaca en Murcia al pueblo de Lorca y Totan, dos luces en el cielo acompañaron a los portadores de la cruz durante todo el viaje. No desaparecieron hasta que el objeto llegó a su destino [was in place].
Los citados autores dan como fuente el mismo artículo de Clara Tahoces en el que se basaron para tratar la aparición de la Cruz de Caravaca (ver entrada “Caravaca, año 1232”). En dicho artículo se dice (Tahoces, 1999):
...corría el año 1384, cuando se decidió el traslado de la cruz con motivo de una epidemia a Lorca y Totana. Se cuenta, -aunque hay quienes han querido obviar el hecho-, que durante el trayecto, dos luces de origen desconocido acompañaron a la reliquia sin desaparecer en todo el recorrido. Comenta sobre el particular Atienza que, los fieles, -quizás sin tenerlo en cuenta- realizan una ruta OVNI: “... Hoy la procesión sigue, según se dice, el mismo camino que en aquella ocasión...”.

Tahoces hace referencia al libro Guía de la España mágica de Juan García Atienza, que indica lo siguiente sobre la tradicional ceremonia caravaqueña del Baño de la Vera Cruz en agua (García, 1983; p. 301):

El origen de esta ceremonia se sitúa en un tiempo -fijado por los caravaqueños en 1384 con toda exactitud- en el que la Cruz fue llevada a Lorca y a Totana, donde se había producido una epidemia. Añade la gente que, durante todo el camino, tanto a la ida como al regreso, dos luces misteriosas acompañaron a la reliquia sin dejarla un solo momento.  Hoy, la procesión sigue, según se dice, el mismo camino que en aquella ocasión.

Para empezar, ¿qué diferencias hay entre el texto de Vallee/Aubeck y la fuente "original", es decir, el libro de Juan G. Atienza?

 

Hay un gazapo al considerar que el destino del traslado era "el pueblo de Lorca y Totan" en lugar de los pueblos de Lorca y Totana (que están separados por una distancia de unos 20 Km.). Por otro lado, García Atienza no especifica que las luces estuvieran "en el cielo", aunque el texto de Clara Tahoces ya habla abiertamente de OVNIs.

 

La mención resumida de la historia en Wonders in the Sky omite que el traslado de la reliquia fue motivado por una "epidemia" y que dio origen a la ceremonia del "baño del agua", perpetuada hasta nuestros días. En palabras de Atienza, que Tahoces cita textualmente en su artículo: "hoy la procesión sigue, según se dice, el mismo camino que en aquella ocasión".

 

¿Hay que entender que periódicamente vuelven a trasladarse en procesión con la cruz de Caravaca hasta Lorca y Totana en conmemoración del suceso? No, y aquí viene la sorpresa. La tradición no habla de un traslado de la reliquia a dichos municipios sino de su traslado en procesión, sin abandonar la propia localidad de Caravaca, para efectuar el Baño de la Vera Cruz en agua (ver, por ejemplo, este enlace). Fue agua así bendecida lo que se llevó después a Lorca y Totana para rociar los campos que estaban siendo afectados por una plaga de langosta.

 

¿Cuál es la fuente que utiliza García Atienza para respaldar su historia que, como acabamos de ver, es sumamente sospechosa? Se limita a decir "añade la gente", que Tahoces interpreta imaginativamente en su artículo como "se cuenta, -aunque hay quienes han querido obviar el hecho-".

 

Si echamos un vistazo a los autores de siglos pasados, que podrían (o deberían) haber escrito algo al respecto, tenemos a Robles Corbalán que cuenta la versión más difundida del origen de la ceremonia y no habla de las luces (ver libro II Capítulo XI).

... el principio que tuuo, segun lo declarò el dicho Fernan Lopez clerigo, de quien hemos hablado, fue que abra 231 años en el de 1384 con ocasion que en la ciudad de Lorca, y en la villa de Totana auía tanta langosta en aquel año que talaua los campos, viñas y huertas, de manera que era caso impossible con medios humanos poder librarse de tan gran mal, se determinaron a embiar personas de sus ayuntamientos a pedir al de Carabaca, y Vicario bañassen en agua la S Cruz, y se la diessen, en cuya fè esperauan en nuestro Señor tendria remedio aquella plaga, y se aplacaria su furia: hecho assi lleuaron el agua, y echandola por donde estaua la langosta, perecio toda dentro de tres dias y el daño fue muy poco en comparacion del que esperauan. Y desde entonces quedò la costumbre de mas de su ordinaria procession de bañarla en la forma que queda dicho, para que los naturales, y forasteros coxan de aquella agua, como lo hazen, y rocien los frutos de sus heredades, para preseruarlos de semejantes calamidades, y los aumente la diuina bondad con aquellas aguas santificadas, (como lo refiere Oncala) con el toque de la santissima Cruz.

 

Posteriormente, Martín Cuenca contaría lo mismo pero añadiendo una versión alternativa -que podríamos calificar de delirante...- que sí incluía luces (Cuenca, 1722; pp.263-264).

Pero otros Autores sienten mejor, y dizen que vna noche vispera de la Invencion de la Cruz, à cosa de media noche se viò salir de la torre donde la Santissima Cruz estaba, vn muy gran resplandor de luzes, y en medio de ellas estaba la Soberana Cruz: admiradas quantas personas lo vieron, repararon que dicha Sagrada Cruz fue por el lugar, y por las calles que aora se acostumbra llevar a bañar, y llegada al sitio que hemos dicho de el bañadero, se entrò por tres vezes en el agua, y hechos estos tres baños, se bolviò con el mismo acompañamento de luzes, y resplandores à su real Capilla, observandose desde entonces el bañarla en dicho sitio todos los años.

Por “víspera de la Invención de la Cruz" (la de Jerusalén) hay que entender la víspera de un 3 de mayo, de un año sin especificar. La fuente de Cuenca era Mata, según indicaba al margen en su libro. Concretamente, se trataría de una obra manuscrita de Damián de Mata de 1623, que no se ha conservado (Pozo, 2011).

 

Aunque Cuenca no concreta el número de luces, ¿sería esta última historia la que inspiró en parte la versión recogida por García Atienza? Sospechamos que sí, pero no la hemos encontrado en otros autores.

 

En cualquier caso, volviendo al sucinto relato publicado en Wonders in the Sky, podemos concluir que:

  

No hubo ningún traslado de la cruz a Lorca y Totana.

 

La única mención de luces en relación con un traslado de la cruz aparece en un relato obviamente fantasioso, en el que ésta abandonó por sus propios medios la torre en la que se encontraba para ir a darse un baño. 

 

Otros sucesos

 

Vallee y Aubeck terminan señalando que hay otras historias mágicas relacionadas con la cruz de Caravaca: “Hay leyendas sobre cómo se ‘teleportó’ de un lugar a otro y cómo atrajo fenómenos luminosos en más de una ocasión”. Nos detendremos en estos últimos, de los que conocemos al menos cuatro ejemplos.

 

El 7 de noviembre de 1591, alrededor de las 19 horas, en la oscuridad de una noche sin luna, sobrevino una gran tormenta que llegó a causar daños materiales en viviendas de la localidad.

Al comenzar la tormenta, algunos vecinos observaron, encima del chapitel de la torre del castillo donde se encontraba la capilla de la Vera Cruz, “mucha luz que pareçia aber candelas ençendidas y otra luz en medio dellas, mayor y mas respladeçiente que las demas”. Pensaron que se debía a la presencia del capellán de la Cruz y sus acompañantes que habrían acudido a la torre para conjurar la tormenta. Pero al día siguiente se enteraron de que no fue así, por lo que supusieron que la propia Cruz habría subido milagrosamente a lo alto de la torre para protegerlos de la tempestad

La torre en cuestión se encontraba donde hoy en día está la capilla mayor de la que forma parte el presbiterio del actual santuario de la Vera Cruz.

 

El gobernador y justicia mayor de la villa se adhirió a dicha explicación sobrenatural tras abrir una investigación del suceso e interrogar a varios testigos, cuyos testimonios fueron recogidos en un acta con fecha del día siguiente. El acta original ya no se conserva pero existe una copia, realizada justo dos meses después, en la Sección de Manuscritos de la British Library de Londres. El asunto ha sido tratado en la Revista de las Fiestas de Caravaca (Pozo, 2007) y en diversos medios (estas líneas se basan en Fernández, 2013).

 

Junto al capellán, que negó haber acudido al castillo, declararon diversos vecinos que observaron las luces desde tres lugares distintos (señalados como A, B y C en el mapa adjunto):

A) El fenómeno fue observado por un escribano y su familia (esposa, hijo e hijas) desde el mismo castillo, ya que vivían en el recinto junto a la torre de la Cruz. Pensaron que el capellán estaba celebrando el conjuro, pero les llamó la atención no oír la campana. Llegaron a procurarse las llaves de la puerta de la torre de la Cruz, comprobando que no había nadie dentro. El escribano aportó la siguiente descripción:

Avia um bulto casi çerca tan grande y del tamaño de un sombrero pequeño de resplandor que casi se beyan las tejas del tejado y que se auian estado mirandolo casi çerca de un quarto de ora y que en el mismo tejado a la esquina que cae hacia la barbacana auia bisto ansimismo vna luz muy pequeña como a manera de luz de vela pero que no rresplandeçia tanto como si fuera luz de vela y que todo esto duraria çerca de dos oras y media.

B) Una vecina que vivía en el "arrabal de las Eras" (en torno a la zona de la actual plaza del Santo) observó desde una ventana de su casa un “grande bulto de resplandor y lumbres muy grandes” que le cegaron la vista. Se hicieron las oportunas comprobaciones para certificar que, efectivamente, desde su casa podía verse la torre (que debía de estar a unos 300 m de distancia).

 

C) Tres vecinos que regresaban del campo observaron el fenómeno desde la hacienda jesuita de Santa Inés (es decir, desde unos 2300 m de distancia), donde tuvieron que pernoctar debido a la tormenta y la crecida del río Argos. Atestiguaron:

...como en toda aquella uilla no pareçia ninguna luz y queen lo alto del chapitel de la dicha torre de la santa bera cruz y que alli avia dos luzes la una de gran resplandor y que la otra estaua haçia la uarbacana y que no resplandeçia tanto y que estas luzes seauian visto patentemente.

Observaciones del 7 de noviembre de 1591:
Rombo amarillo: situación de las luces.
Rombos rojos: observadores en el castillo (A), el “arrabal de las Eras” (B) y la hacienda de Santa Inés (C).
Perímetro en verde: extensión aproximada de la villa de Caravaca (equipamientos, trama urbana y casas solariegas) hasta el siglo XVI (Guerrero, 2020).



Juan de Robles Corbalán narró sucintamente el “milagro” en su libro de 1615, sin reproducir los testimonios, basándose en otra copia del acta original, fechada en Moratalla el 28 de julio de 1594 ante un escribano caravaqueño (Robles, 1615; Libro II Capítulo XII). Martín de Cuenca también trató el caso, señalando como fuente el libro de Robles (Cuenca, 1722; p. 247-248).


Tanto Robles como Cuenca mencionan una cruz conteniendo fragmentos de la Vera Cruz que se hallaba en el castillo-convento de la Orden de Montesa y se sacaba cuando había tormentas (citando el primer a Bleda [1600] y el segundo a Escolano [1611]):

...y si es de noche se ven al rededor della vnas luzes como de Lamparas, y se oyen salir de la misma Cruz vnos zumbidos, como siluos, que podremos conjeturar, que son las palabras con que manda a las tempestades, y furias se repriman, y no ofendan a la tierra. (Robles, 1615; Libro II Capítulo XII)
No obstante, Cuenca va más allá y atribuye las mismas propiedades a la Cruz de Caravaca, que:

...estando en el tejado por tiempo de dos horas y media, despedia desde aquel puesto zumbidos, y como que articulava imperiosas vozes, con que mandava à la tempestad, desocupasse todo el termino...

El mismo autor también afirma:

...guardaronse por muchos años las texas sobre que estuvo la Cruz Soberana, las quales quedaron con muchas gotas de cera que cayeron de las luzes que tenian Angeles, y Serafines alumbrandola en esta ocasion...

Lamentando que dichas tejas ya no se conservaran, después de ser troceadas para hacer reliquias (Cuenca, 1722; pp. 248-249).

 

Si prescindimos de la parafernalia sobrenatural, el suceso se reduce a la observación durante una tormenta de unas luces de pequeño tamaño y moderado brillo, estáticas sobre el chapitel de una torre (donde hoy se levanta el santuario de la Vera Cruz), que se mantuvieron encendidas durante un largo tiempo a pesar de las adversas condiciones meteorológicas. Hay un fenómeno de electricidad atmosférica que encaja a la perfección en esta descripción, el fuego de San Telmo.

 

Esta explicación ya ha sido contemplada en alguna ocasión pero descartada prematuramente por la larga duración del fenómeno observado, que rondaba las dos horas y media. En realidad, existen ejemplos de duraciones similares. El marinero y cronista italiano Antonio Pigafetta, que acompañó a Fernando de Magallanes en su viaje alrededor de la Tierra, menciona en su crónica de la travesía que el "Corpo Santo" o "Santo Elmo" permanecía a la vista más de dos horas. Por poner un ejemplo mucho más reciente, en el observatorio meteorológico del Hoher Sonnblick (Alpes austríacos) se han obtenido fotografías del fuego de San Telmo en diversas ocasiones, registrándose una duración del fenómeno de incluso varias horas.


 

 Fuego de San Telmo fotografiado en el observatorio meteorológico de la montaña Hoher Sonnblick (Austria) en noviembre de 2012 (arriba) y octubre de 2013 (abajo).

 

También se ha sugerido que los fenómenos observados en 1591 pudieron ser manifestaciones del rayo globular (Robles, 2017), aunque con una duración “absolutamente excepcional” que plantearía nuevas incógnitas. Creemos que es innecesario postular este controvertido fenómeno cuando ya existe otro bien conocido capaz de explicar los hechos.

 

Volviendo al fuego de San Telmo, los tamaños sugeridos por el escribano (sombrero pequeño, luz de vela) son compatibles, por ejemplo, con la longitud de 4-6 pulgadas ó más (10-15 cm) que asignaban al fenómeno en los mejores casos registrados en el observatorio meteorológico escocés de Ben Nevis a finales del siglo XIX (Rankin, 1889). 

Lo mismo puede decirse de la intensidad luminosa. Recordemos que la luz más brillante descrita por el escribano “casi” permitía ver las tejas del tejado mientras que la segunda luz no alcanzaba el brillo de una luz de vela, indicaciones ambas de una luminosidad relativamente modesta. En la práctica, el fuego de San Telmo sólo es visible en condiciones nocturnas, con baja iluminación ambiental. En este contexto, llama la atención que las luces le cegaran la vista a una vecina que las observó a mayor distancia, pudiendo tratarse de una exageración. También puede parecer problemático que llegaran a ser observadas desde la hacienda de Santa Inés, a más de dos kilómetros de distancia, pero no hay que olvidar las condiciones de extrema oscuridad (noche sin luna, cielo presumiblemente encapotado y total ausencia de alumbrado artificial –no se veía ninguna otra luz en toda la villa, como atestiguaron los observadores−). 

Por cierto, la descarga de efecto corona del fuego de San Telmo suele estar acompañada de un ruido audible similar a un siseo (Rankin, 1889) o una crepitación. Así que es posible que los “zumbidos como silbos” que supuestamente emitía la cruz de Montesa (no la de Caravaca) al utilizarse para conjurar tempestades, al tiempo que aparecían luces a su alrededor, podrían tener una base real después de todo.

 

 

Fuego de San Telmo en la aguja de la catedral de Notre Dame de París (ilustración publicada en L'atmosphère: météorologie populaire [1888] de C. Flammarion).

Los otros tres casos de fenómenos luminosos asociados a la Cruz de Caravaca sucedieron a principios del siglo XVIII. Los conocemos a través del testimonio en primera persona del propio Martín de Cuenca (1722; pp. 307-308 y 316), que desde 1696 era Capellán Mayor de la Real Capilla de la Santísima Cruz, sita en el castillo de Caravaca. En todos los casos observó las luces desde el "conjuratorio", en compañía de otras personas, mientras procedía a conjurar una tempestad en curso. Otra característica común fue la inmovilidad de las luces a pesar del viento y las precipitaciones.

A continuación resumimos el resto de características de cada caso:

FECHA: “18/9/1705” (madrugada del 19/9/1705)

HORA: "como à la vna de la noche"

DURACIÓN: “tres quartos de hora, que fuè el tiempo que durò la nube”

FENÓMENO: “dos luzes muy hermosas, y resplandecientes”; su resplandor era “como de hachas blancas” [Hacha: vela de cera, grande y gruesa, de forma por lo común de prisma cuadrangular y con cuatro pabilos.]

SITUACIÓN: Una “se puso sobre el tejado que cubre el conjuratorio, al igual de las tejas, y en el ayre desviada de ellas como vn palmo” [unos 20 cm]. “La otra se puso à la otra esquina de dicho tejado, en la misma proporcion”.

FECHA: 30/7/1713

HORA: “como à las ocho de la noche”

DURACIÓN: “mas tiempo de vna hora”

FENÓMENO: “vimos vna gran claridad, y registramos salia de quatro luzes (...) muy blancas, y resplandecientes”

SITUACIÓN: “dos en cada esquina de el tejado que cubre el conjuratorio”; “estaban como à distancia de media vara [unos 40 cm] de dicho tejado, en el ayre”

FECHA: 13/8/1713 (“passados catorce dias” del caso anterior)

HORA: (No se indica)

DURACIÓN: “como por espacio de poco mas de media hora”

FENÓMENO: “otras quatro luzes, que parecian las mismas de la noche antecedente”; “de el mismo tamaño, color , resplandor, y forma que las dichas luzes antecedentes”

SITUACIÓN: “en los mismos sitios” (que las de la noche antecedente)

Hay que añadir que, en el primer caso, se sintió “vna fragrancia mas celestial que humana en todo el conjuratorio, que durò por mas de treinta dias”.

El santuario que hoy conocemos, ubicado donde antes se encontraba la torre de la Vera Cruz, fue inaugurado en 1703, antes de estos sucesos (si bien la portada barroca se culminó décadas más tarde). El Conjuratorio, situado en su parte superior, sería el mismo al que hace referencia Cuenca y aún sigue utilizándose. Por consiguiente, los sucesos habrían sucedido en el mismo lugar que la observación de 1591, pero en un contexto arquitectónico diferente.

 

Santuario de la Vera Cruz de Caravaca (s. XVII): en verde se ha señalado la situación del Conjuratorio y la orientación de sus balcones, coincidiendo aproximadamente con los puntos cardinales.

La primera imagen es una vista aérea parcial de Caravaca mostrando el castillo y el santuario (foto: Sebastien Pigneur). El resto de imágenes muestran diversas vistas del santuario y el Conjuratorio, un estrecho corredor que circunda la cúpula del crucero de la iglesia por el exterior del templo (Google Maps/Street View).

 


 

Rituales de bendición desde el Conjuratorio durante el presente siglo. (Foto superior, foto inferior)

 

Como ha señalado Diego Marín (2017; pp. 103-104), Martín de Cuenca Fernández-Piñero “era un fantasioso que no tuvo inconveniente alguno en recurrir a cualquier fuente que le interesara para apoyar sus fabulaciones”, resultando que la historia que escribió “en lo tocante al pasado de Caravaca se trata de una obra atrasada para su tiempo y que lo único que consiguió fue aumentar la desinformación popular durante varios siglos”. Pero también considera que su obra es “tremendamente valiosa cuando narra las cosas que él vio personalmente o sucesos y tradiciones de su época”.

 

En esta ocasión, Cuenca es bastante austero en el relato y no se prodiga en interpretaciones religiosas. Si a esto unimos que menciona con nombre y apellido a varios de los ilustres testigos que lo acompañaban en los casos de 1713 (su libro se imprimió en 1722, cuando aún no había pasado una década), parece improbable que estas historias fueran pura invención.

 

Igual que ocurría con el suceso de 1591, la explicación del fenómeno como rayo globular (Robles, 2017) no se sostiene, en vista de la multiplicidad de luces, la repetida manifestación en el mismo lugar y, sobre todo, la duración extraordinariamente larga en todos los casos. Por otro lado, también parece poco verosímil que todo se debiera a astros brillantes (estrellas, planetas) observados a través de algunos claros en las nubes, en cuyo caso las distancias al tejado habría que interpretarlas como indicaciones relativas, no absolutas, de la posición de las luces. De todas maneras, desconociendo las direcciones en que se veían éstas (no se indican y ni siquiera se especifica en qué balcón del Conjuratorio se encontraban los observadores) tampoco se pueden hacer las verificaciones astronómicas oportunas.


De nuevo, la explicación más verosímil sería el fuego de San Telmo, resultando coherente su ubicación en las esquinas del tejado, en tanto que elementos puntiagudos o sobresalientes del entorno. No obstante, la separación entre las luces y el tejado −de unos 20 cm ó 40 cm, según el caso− sería un detalle totalmente anómalo.

 

La “fragancia” que supuestamente habría permanecido más de un mes en el Conjuratorio tras la observación de 1705 no es un efecto que pueda relacionarse con el fuego de San Telmo. La descargas en corona en el aire producen ozono y éste tiene un olor característico, pero está lejos de parecer “celestial” y apenas habría perdurado más allá del tiempo en que se produjo el fenómeno.

 

Esperemos que algún día salga a la luz el testimonio de alguno de los otros observadores, para poder contrastar lo expresado por Cuenca y aclarar los detalles más problemáticos del caso.

Para terminar, no podemos dejar de señalar un episodio poco conocido de fuego de San Telmo que tuvo lugar 70 Km. más al norte, en el castillo de las Peñas de San Pedro (Albacete), mucho antes de los sucesos arriba mencionados. Se trata de una observación multitudinaria y atestiguada notarialmente que estuvo en el origen de la devoción a una Santa Cruz para la que se erigió una ermita. La devoción acabó perdiéndose en el siglo XIX dejando atrás una historia de altibajos que incluyó prodigios y curaciones milagrosas (Sánchez, 2006).

A lo largo de la noche del 24 al 25 de mayo de 1517, con tiempo tormentoso, se observó durante horas pero con diversas interrupciones un fenómeno con apariencia de "llamas" (tres o cinco, según la ocasión) en una pequeña cruz de madera a la intemperie. Las mismas "llamas de lumbre" aparecieron en la punta de algunas espadas desenvainadas. Pocas dudas caben de que en este caso se observó el fuego de San Telmo

También se indica que, ya bien entrada la noche, se vio “venir vna estrella hecha lumbre abajandose asta que dio enzima de la Cruz". Esta observación en concreto ha sido relacionada con el rayo globular (Sánchez, 2006; p. 159), pero la información es tan escueta que no permite descartar del todo otras explicaciones (¿meteoro?).

 

REFERENCIAS

 

Tahoces, Clara (1999). Caravaca, ¡Qué Cruz!. Más Allá, nº 127 (septiembre 1999).

 

García Atienza, Juan (1983). Guía de la España mágica. Ediciones Martínez Roca (Barcelona).

 

Robles Corbalán, Juan de (1615). Historia del mysterioso aparecimiento de la Santissima Cruz de Carabaca e innumerables milagros que Dios Nuestro Señor ha obrado y obra por su deuocion. Imprenta de la viuda de Alonso Martín (Madrid).

 

Cuenca Fernández Piñero, Martín de (1722). Historia Sagrada de el compendio de las ocho maravillas del mundo, del non plus ultra dela admiración y del pasmo, de el emporio, donde se hallan los portentos mas singulares: de un lignum-crucis, que se compone de cuatro brazos: de la quintaesencia y mas principales partes del Sacrosanto madero y dulce leño, en quemurió el Rey de los Cielos y de la Tierra, y el segundo Adan, nuestro redentor Jesucristo: de la Santisima Cruz de Caravaca. Imprenta de la viuda de Juan García Infanzón (Madrid).

 

Pozo Martínez, Indalecio (2011). Un manuscrito jesuita del Siglo XVIII sobre la hacienda de Santa Inés(Caravaca). Murgetana, Nº 124, pp. 59-98. Real Academia Alfonso X el Sabio (Murcia).

 

Marín Ruiz de Assín, Diego (2017). Los falsos cronicones en la historiografía murciana de los siglos XVII y XVIII. Murgetana, Nº 136, pp. 85-114. Real Academia Alfonso X el Sabio (Murcia).

Pozo Martínez, Indalecio (2007). A propósito del testimonio de un milagro de la Cruz de Caravaca conservado en la British Library. Revista de las Fiestas de la Cruz, pp. 3-9. Comisión de Festejos de la Cofradía de la Santa Cruz (Caravaca). [Referencia no consultada]

Fernández García, Francisco (2013). 7 de Noviembre de 1591: Misteriosas luces sobre el Castillo de Caravaca. El Noroeste, 10/8/2013 (Caravaca de la Cruz).

 

Robles, Bernardo (2017). Rayos globulares en Caravaca. La Verdad, 28/11/2017 (Murcia).

 

Escolano, Gaspar (1611). Segunda parte de la Decada primera de la historia de la insigne y coronada ciudad y reyno de Valencia. Pedro Patricio Mey (Valencia).

Bleda, Jaime (1600). Quatrocientos milagros y muchas alabanças de la Santa Cruz, con vnos tratados de las cosas mas notables desta diuina señal. Pedro Patricio Mey (Valencia).[Referencia no consultada]

Guerrero Brotons, Javier (2020). Transformaciones urbanas en Caravaca de la Cruz (Murcia): Cien años descuidando su identidad territorial y cultural (1918-2018). Trabajo Fin de Grado en Fundamentos de la Arquitectura. Universitat Politècnica de València (Valencia).

Rankin, Angus (1889). St. Elmo's Fire on Ben Nevis. Nature, vol. 40, pp. 439-440.

Sánchez Ferrer, José (2006). La Santa Cruz del castillo de las Peñas de San Pedro : ensayo sobre una devoción perdida. Instituto de Estudios Albacetenses "Don Juan Manuel" (Albacete).