martes, 25 de marzo de 2008

Persecución impresionante cerca de las Bardenas Reales (y III)

En la escena de la observación he dibujado el OVNI (ubicación aproximada), que apareció a baja altura y sobre el pinar. Estaba situado hacia el ENE y los testigos lo vieron (al comienzo del avistamiento) prácticamente de frente.



Por otra parte, durante la observación la Luna estaba en el cielo a baja altura. Su orto se produjo a las 4:00 horas. A las 4:45 (GMT+2) tenía un azimut (origen el Sur) de 252º (situado hacia el ENE) y una elevación sobre el horizonte de 6º. Por lo tanto, nuestro satélite natural estaba ubicado, justamente, en la misma posición que el OVNI.



Como se puede apreciar a continuación, el parecido del dibujo del ovni, realizado por los testigos, con la fase que tenía la Luna esa madrugada es revelador.






Al abrirse un claro en el cielo nublado (el tiempo era lluvioso y con tormenta) fue apareciendo la Luna. Esto llamó la atención de los testigos que no la identificaron por estar semioculta por las nubes, por su coloración rojiza y por aparecer a poca altura (cuando la Luna está baja, es percibida mucho más grande que cuando está en el cenit). Como recordarán, el OVNI surgió acercándose gradualmente desde el horizonte hacia los observadores. Aquí tenemos, de nuevo, la típica ilusión descrita en otras ocasiones. Un aumento progresivo del tamaño aparente del fenómeno, da la impresión de acercamiento en línea recta. A continuación, el objeto desconocido persigue a los testigos, siempre por la derecha y a la misma velocidad que ellos (toman una curva a la izquierda y la Luna se “coloca” a su derecha y les “persigue”). En dos ocasiones, el OVNI se dividió en dos. Cuando se juntaron los dos fragmentos, el objeto adoptó la misma forma que tenía al principio. La “persecución” finalizó cuando Maria del Carmen y Francisco llegaron a Mélida. El OVNI se paró al mismo tiempo que ellos, inmovilizándose “cerca” del pueblo.


Durante toda la “persecución” los testigos tuvieron a la Luna a su derecha y, como estaban en movimiento, nuestro satélite copiaba la velocidad del automóvil (ilusión de movimiento).

“Se situó a nuestra derecha todo el tiempo, por eso cuando tomamos una curva muy cerrada creí que lo habíamos perdido, pero no. Seguía en el mismo sitio. Los que habíamos cambiado de sentido fuimos nosotros.” (El Pensamiento Navarro, 2-8-78)

La división del OVNI en dos trozos tiene una explicación sencilla. Esta ilusión fue provocada por las nubes al pasar por delante de la Luna y cortarla en dos. Cuando llegaron a su destino y se pararon, lógicamente el OVNI (la Luna) también se “detuvo”.

Pero hubo más testigos del OVNI. Cuando Maria del Carmen y su marido llegaron a casa, llamaron a sus padres y éstos, al bajar a la calle, vieron también el “insólito” objeto. Sin embargo, al padre de la testigo le pareció que aquello era la Luna: “...oyeron que lloraba y salieron asustados, pudiendo verlo, si bien mi padre creyó se trataba de la luna, lo que desechamos luego al darnos cuenta que se hallaba en su mínima expresión menguante.” (P.N., 2-8-78)

Al menos, uno de los observadores creyó que el objeto luminoso podría tratarse de la Luna. No queda claro por qué, “luego” descartaron la explicación lunar. Lo que sí parece desprenderse del texto periodístico, es que no vieron al OVNI y a la Luna juntos.

Otro dato que reafirma la hipótesis lunar se encuentra en la siguiente fotografía, publicada por El Pensamiento Navarro, y donde aparece Maria del Carmen señalando la posición del OVNI, estático sobre el pueblo.



Trazando el azimut, que tenía la Luna hacia las 4:50 horas (hora aproximada de la llegada a la población de los observadores), desde la vivienda de los padres de la testigo, en Mélida (calle Zumalacárregui), se comprueba que, al final de la observación, la ubicación del OVNI y la del astro también coinciden.




La explicación lunar de este suceso es más que evidente, como hemos visto. Este es otro ejemplo de cómo, en ocasiones, Selene provoca sorprendentes y elaborados avistamientos OVNI que, en principio y gracias a investigaciones de campo poco rigurosas, pueden parecer fenómenos aéreos insólitos. Este caso también enseña cómo, involuntariamente, se introducen en las observaciones elementos inexistentes, que a veces resulta difícil descubrir, gracias, entre otras cosas, al entusiasmo de algunos encuestadores y que hacen que aumente, aparentemente, la extrañeza del incidente.

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